A Niklas Luhmann por Heinz von Foerster

 

Mi querido Niklas,

¿Cómo pudiste dejarnos en un tiempo tan importante y decisivo? Ya debes haber visto que el tercer milenio se dejará caer en menos de cuatrocientos días y todos nos encontramos esperando la oportunidad de escuchar tus sabias palabras. Como sabes, otros han intentado decir algo al respecto, pero todo lo dicho era nuevamente el pasado vestido de futuro. A ti te hubiésemos escuchado encantados.

Dirias: “Sí, sí. De mí les hubiese gustado tener un abecedario para el futuro. Como bien saben, siempre escribí para el presente y este siempre es actualidad. ¡Lean por fin lo que he escrito!”

Por supuesto, estoy de acuerdo contigo en este punto, pero te serviste aquí –como habitualmente– de la manera de hablar del oráculo, de la pitonisa, de Nostradamus, ¡cuyas máximas siempre se podían entender cuando lo que dijeron ya había sucedido!

“Si traspasas el Halis destruirás un gran reino” dijo la Pitonisa a Creso [Kroisos], quien deseaba cruzar este río con sus ejércitos. Creyó que no podía haber escuchado algo mejor, pero cuando lo traspasó fue vencido por los superiores ejércitos de Ciro, los cuales entraron luego a su reino destruyéndolo [i].

“Es el oyente y no el hablante quien define el significado de lo dicho” como señala el teorema de Heinz von Foerster [ii].

Tu afectuosa carta para mi octogésimo cumpleaños comienza así [iii]: “Parece ser cierto lo que leemos en Heinz von Foerster: no se puede ver que no se ve lo que no se ve”, pongo la referencia donde esto se puede leer [iv].

Desde luego, vi de inmediato lo allí escrito. Es bien distinto a: “We do not see that we do not see”, esto significa: “No vemos que no vemos”. Evidentemente, otro ejemplo para el mencionado teorema en la versión “Lector/Escritor”.

¿Qué significa esa diferencia entre tu lectura y mi escritura? No antes de varios años entendí tu oráculo, mediante el que elevaste mi comentario un piso más arriba: uno no sólo no ve que no ve, ¡sino que tampoco ve qué es lo que no ve! ¡Muchas gracias!

O con la última pregunta que pusiste al final de mi carta de cumpleaños [v]:

“¿Se puede (o se debe) suponer la formación de ‘valores propios’ en el ámbito latente; es decir, para la observación de primer orden en la distinción intangible y por eso estable en que se basa toda indicación de objetos; y en el ámbito de la observación de segundo orden en aquellas formas que se acreditan cuando un sistema se ajusta a observación continua de lo que no puede ser observado?”

Con tu invento de la latencia diseccionaste nuevamente un nudo gordiano de enredamiento lógico. No sólo en la manera en la cual respondiste tu propia pregunta: “…en el ámbito latente se debe encontrar la formación de valores propios” (de otra manera no se podría auto-procesar lo intangible de los procesos de las distinciones mismas); sino que también, mediante una elegante intervención quirúrgica como el injerto de la latencia, liberaste a los filósofos de su crónico dolor de cabeza de dos milenios: la ‘paradoxitis’. Se debe intentar responder a la pregunta: en el ámbito latente ¿dice él la verdad al decir ‘soy un mentiroso?’”, pues de otra manera no se podrán determinar las consecuencias del intento.

Asumiendo que intento la aproximación: “Él dice la verdad”.

Pregunta (en el ámbito latente): “¿Es eso correcto?”

Respuesta: “¡No! ¡Qué susto! Eso no puede ser, pues de otra manera él diría la verdad”.

Gracias a Dios, con tu intervención la verdad y la falsedad ya no van en contra la una a la otra: ¡Incluso se necesitan mutuamente para presentarse!

Para mi alegría, leí recientemente que incluso el Papa Juan Pablo II usó tu razonamiento sobre la latencia con los pobres, las almas sin techo, que todavía no saben si estarán en el cielo o el infierno. Presentó a la latenica como una una fase de transición; como un domicilio transicional mientras el destino de cada persona espera ser decidido en el juicio final [vi].

Por lo que debemos estarte todos tremendamente agradecidos es por el desenmascaramiento de la misteriosa figura delobservador. ¿Quién es? ¿cómo se puede reconocer? Tú dices [vii]: “el observador es quien es observado como tal”.

Me encantaría que donde estes se nos permita volver a conversar sobre todo esto.

¡Hasta luego mi querido Niklas!

Tuyo, Heinz.

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[N. del T.] Traducción de Felipe Pérez-Solari. Título original: von Foerster, H. (1999). An Niklas Luhmann. En T. Bardmann & D. Baecker (Eds.), “Gibt es eigentlich den Berliner Zoo noch?” Erinnerungen an Niklas Luhmann (pp. 13-15). Konstanz: UVK. Quisiera agradecer a Paloma González Bosque, Karen Ranke y Philipp Rückheim las atentas observaciones, comentarios y correcciones a esta traducción. Los posibles errores o imprecisiones en ella son exclusiva responsabilidad del traductor.

[i] Herodot 1/85

[ii] von Foerster, H. (1997). Der Anfang von Himmel und Erde hat keinen Namen. Wien: Kadmos, p. 3. [Existe traducción al inglés: von Foerster, H. (2013). The Beginning of Heaven and Earth Has No Name. USA: Fordham University Press]

[iii] Luhmann, N. (1991). Wie lassen sich latente Strukturen beobachten? En P. Watzlawick & P. Krieg (Eds.). Das Auge des Betrachters (pp. 61-75). München: Carl Auer.  [Existe traducción al español: Luhmann, N. (1998). ¿Cómo se pueden observar las estructuras latentes? En P. Watzlawick & P. Krieg (Eds.), El ojo del Observados: Contribuciones al constructivismo (pp. 60-72). Barcelona: Gedisa. Para la pregunta, utilicé la traducción presente en la página 60 de este libro.]

[iv] von Foerster, H. (1997). Cybernetics of Cybernetics. En K. Krippendorf (Ed.). Communication and Control in Society. London: CRS, pp. 5-8. [Existe traducción al español: von Foerster, H. (2006). Cibernética de la cibernética. En M. Pakman (Ed.), Las semillas de la Cibernética: Obras Escogidas (pp. 89-93). Barcelona: Gedisa.]

[v] Luhmann, N. (1991). Wie lassen sich latente Strukturen beobachten? En P. Watzlawick & P. Krieg (Eds.). Das Auge des Betrachters (pp. 61-75). München: Carl Auer.  [Existe traducción al español: Luhmann, N. (1998). ¿Cómo se pueden observar las estructuras latentes? En P. Watzlawick & P. Krieg (Eds.), El ojo del Observados: Contribuciones al constructivismo (pp. 60-72). Barcelona: Gedisa.]

[vi] Haller, H. (1998). Höllenfahrt mit Gegenverkehr. En Der Spiegel 49/98, pp. 246-248

[vii] Luhmann, N. (1992). Beobachtungen der Moderne. Opladen: GmbH, p. 218 [Existe traducción al español: Luhmann, N. (1997). Observaciones de la modernidad: Racionalidad y contingencia en la sociedad moderna. Barcelona: Paidos.

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