¿Cómo es posible observar la realidad?: El constructivismo radical y sus aportes a la epistemología de las Ciencias Sociales

No podemos ver que no vemos lo que no vemos

Heinz von Foerster

 

El problema fundamental que plantea la litografía del artista holandés M. C. Escher se puede resumir en la imposibilidad de trazar un límite claro entre el observador y el mundo que pretende describir. En su obra “las tres esferas” observamos que cada uno de los objetos dispuestos sobre la mesa reflejan su propia versión de la realidad conforme a la estructura interna de su composición: la primera esfera es de vidrio y permite observar la superficie de la mesa; la última es opaca pero distingue los juegos de sombras que provoca la luz; mientras que la esfera central refleja las esferas laterales, la imagen del autor y la del propio cuadro que la contiene. Este sencillo ejercicio nos permite poner a prueba la lección del constructivismo radical en contra del supuesto vigente en gran parte de la epistemología con respecto a la existencia inmutable de una realidad que precede ontológicamente al observador.

Los experimentos realizados en el área de las neurociencias (Maturana & Varela) así como el principio de codificación indiferenciada (no vemos la luz ni oímos el sonido) ideado por la cibernética de segundo orden (Heinz von Foerster), concluyen que nuestro conocimiento sobre el mundo no puede basarse en la correspondencia isomorfa con una realidad independiente al sistema que lo observa, puesto que el mismo sistema de observación está condicionado a sus estados internos sin poder acceder al entorno ni realizar operaciones fuera de los limites trazados por su estructura, lo cual no impide que exista una apertura cognitiva al mundo que lo rodea. En otras palabras, nuestras observaciones sobre el mundo no revelan su realidad sino que la construyen bajo categorías afines al sistema. Así, la pretensión científica por alcanzar certezas universales bajo parámetros de objetividad se encuentran tan cerca de llegar a la esencia de las cosas como lo estuvo Kant cuando creyó que toda la geometría debía ser euclidiana.

Sobre la base de esta premisa descansa el axioma angular del pensamiento constructivista: no hay observaciones sin observadores. La radicalidad del constructivismo se encuentra en haber desplazado el interés por conocer la naturaleza de los objetos hacia las condiciones que hacen posible su observación, transformándose en el primer intento por formalizar un distanciamiento entre la ontología y la epistemología. El constructivismo “es radical porque desarrolla una teoría del conocimiento en la que el conocimiento no refleja una realidad ontológica objetiva, sino exclusivamente un orden y una organización de un mundo constituido por nuestra experiencia” (Glasersfeld, 1993:5). Si el observador (por sus restricciones cognitivas, psíquicas y sociales) permanece ciego a la naturaleza de las cosas, entonces nuestro saber no se correspondería con la realidad tal y como se nos presenta en el mundo de la vida.

El camino propuesto por el constructivismo radical es estudiar la manera en que percibimos, ordenamos y clasificamos esa realidad a partir de los mecanismos que tenemos para interpretarla: ya sean de carácter sensorial (biológico) o comunicativo (social). Su aporte en el campo de las ciencias sociales excede la variedad de formas “blandas” de constructivismo, tanto social (Berger & Luckmann) como fenomenológico (Schütz), las cuales terminan elaborando esquematizaciones de procesos ´intersubjetivos` (sujeto/objeto; mente-interior/realidad-exterior) que presuponen la existencia del mundo antes de incorporarla como eje de investigación (Arnold & Robles, 2000: 51). En su versión más radical, el constructivismo no se conforma con suspender nuestras creencias sobre un mundo preexistente, avanza un paso más allá, en tanto sostiene que no es posible para un observador llegar a resultados concluyentes acerca de una (hipotética) realidad objetiva por fuera de sus operaciones de observación.

No obstante, la postura del constructivismo radical se encuentra muy lejos de negar la realidad del mundo. Lo que niega es nuestra capacidad para validar objetivamente esa realidad concreta tomando en cuenta las restricciones que debemos considerar para ´acceder` a ella. Se trata de un problema de adecuación (y nunca de verosimilitud) con el mundo. Podemos entender la manera en que la ciencia procesa un entorno carente de formas como si se tratase de una llave que se ajusta (o no) a una cerradura (Glasersfeld, 1993:3). La llave se ajusta a la cerradura cuando la abre y ese encajar describe la capacidad de la llave pero no de la cerradura (que permanece como caja negra). El ajuste entre llave y cerradura no nos lleva a la descripción objetiva de la cerradura (lo que es) sino a la adecuación de la llave con los mecanismos de la cerradura. Del mismo modo, la falta de adecuación con la cerradura nos llevaría a eliminar nuestra llave.

Tomando en cuenta lo anterior, el constructivismo radical no puede sino exigirle a las ciencias sociales una aproximación empírica para discriminar entre conocimientos aceptables o adecuados en su nivel operativo (Luhmann, 1999:88). Asumiendo las restricciones del conocimiento mencionadas más arriba, la investigación científica debe aceptar que sus descripciones se realizan sólo en el marco de un sistema de observación (ciencia) que le permite indicar/distinguir fragmentos del mundo a condición de no poder observarse a sí misma mientras observa. Sólo en este sentido, la ciencia opera como un “observador de primer orden”: cuyas operaciones de observación se encuentran clausuradas en un nicho autorreferente, con programas de discernimiento y fronteras claras, pero sin la capacidad de reflexionar sobre el punto ciego de sus observaciones.

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La tarea que propone el constructivismo radical al investigador será entonces la de posicionarse en el nivel de un observador de segundo orden: asumiendo que nuestro mundo circundante no se trata de objetos triviales de conocimiento, sino de pares de observación, y que para acceder a ellos debemos distinguir los mecanismos que probabilizan sus observaciones de primer orden. Como consecuencia, la siguiente ´observación de observadores` estará condicionada por la contingencia de su propio punto ciego y sucesivamente requerirá de un observador de tercer orden capaz de hacerse cargo del ámbito no marcado por los demás (Luhmann, 1999:81).

El constructivismo radical nos recuerda que no existen posiciones privilegiadas para acceder a la realidad, ni siquiera en el sistema de la ciencia. Su rendimiento se mide al presentarse a sí misma como herramienta epistemológica integrada al mundo, con una determinada manera de estructurar la realidad, pero rechazando al mismo tiempo cualquier intento por socavar las diversas perspectivas de observación presentes en la complejidad del mundo. El desafío que nos propone finalmente el constructivismo radical tiene que ver con la exigencia de indicar desde dónde y cómo producimos nuestras descripciones de los fenómenos sociales ya no pensando en la buena voluntad del investigador sino mediante su orientación hacia conclusiones autológicas que le permitan superar los obstáculos epistemológicos heredados de la tradición (Luhmann 1994).

Ahondaremos en las profundas consecuencias asociadas al enfoque constructivista de la teoría social en la siguiente entrada. En tanto, quienes tengan interés en aproximarse a las premisas del constructivismo pueden consultar los trabajos de Gregory Bateson además de la compilación de artículos reunidos por Paul Watzlawick y Peter Krieg. Algunos de los cuestionamientos y malentendidos asociados al constructivismo pueden hallarse en un interesante análisis de Ian Hacking. Para la aplicación de tal perspectiva en ciencias sociales recomendamos dos publicaciones introductorias del sociólogo Niklas Luhmann: “el conocimiento como construcción” y “el programa de conocimiento del constructivismo“.

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