La muerte más allá del fin de la autopoiesis de la vida o cómo es posible morir en la sociedad estando aún vivo

una buena manera de probar el calibre de una filosofía es preguntar lo que piensa acerca de la muerte

George Santayana

 

Introducción

Una de las más interesantes propuestas de la lógica contemporánea se puede hallar en el libro Laws of Form de George Spencer-Brown ([1969] 2011). En poco más de cien páginas el libro logra reducir las cuatro operaciones básicas de la aritmética a sólo dos leyes (número y orden). Algo de esto hemos discutido antes en Sistemas Sociales (2013). La idea central y primigenia del libro refiere al concepto de distinción. Una distinción es un trazo que divide el mundo en dos lados, distinguiendo e indicando un lado de otro. Pero existen distinciones que hacen re-entrar el lado-marcado dentro del no-marcado, contendiéndose a sí mismas y generando, al mismo tiempo, paradojas insolubles. Esto es fácilmente verificable tan rápido como preguntamos por el derecho del derecho, el amor del amor, la justicia de la justicia. Un caso famoso es la idea de ser humano como una re-entrada de la distinción entre hombre y mujer. Cómo es posible lo humano de lo humano? Históricamente, la respuesta se ha orientado hacia una relación que implique la distinción hombre/mujer. Si se extrae uno de los lados de la distinción, el equivalente se vacía rápidamente de contenido, llegando a la problemática lógica de entender a la humanidad sólo como representación de lo que se distingue como mujer o como hombre. Con este último problema ha coqueteado la modernidad, en tanto humanidad también puede implicar distinciones de raza, sexo, religión u orientación sexual. Otra distinción problemática es la de vida y muerte. Si hacemos re-entrar la muerte en el lado de la vida (es decir preguntamos por la vida en el lado de la muerte), entendemos que la vida, en tanto valor lógico se ata a la muerte, mientras que su contrario (muerte/vida) permite observar a la vida desde la idea de la muerte. A lo primero, podemos llamarlo vida humana [2], a lo segundo inmortalidad.

Aquí me gustaría definir una parte del título de este texto. Entenderé por autopoiesis de la vida, siguiendo a Maturana y Varela (2008), como la reproducción de los elementos de una célula a partir de sí misma, que en tanto unidad discreta, genera una estructura y organización particular. Si el proceso anterior se detiene, no habría más vida, no habría más re-entrada entre vida y muerte en el lado de la vida,  pues si el cesar de las operaciones que posibilitan la vida jamás cesase estaríamos en frente de la inmortalidad. Pero la muerte, puede ser observada desde múltiples puntos de vista y la explicación propiamente biológica no tendría una primacía por sobre las demás. La muerte puede significar, al mismo tiempo, finalización de contratos, tanto de arriendo como de matrimonio; también quiebras empresariales donde los acreedores se pelean los restos -cual buitres la carroña; funerales donde se lloran o insultan a los muertos….implícita o explícitamente. De esta manera, podemos generalizar el concepto de muerte hacia la idea de cesación de un proceso.

Así podemos dar cuenta de otros tipos de muerte, una muy distinta a la detención de un proceso orgánico-biólogico; una muerte social que buscaría cesar la comunicación sobre los individuos en tanto personas [2], excluirlos de la sociedad, en fin, declararlos muertos.

 

La muerte como exclusión de la sociedad

La evolución sociocultural presenta variados casos en las que un individuo puede ser excluido de la sociedad. Siguiendo a Luhmann (1998b) entiendo exclusión social como la manera en que los individuos, en tanto personas, no son parte de las comunicaciones de un sistema social. En otras palabras, no son tematizados de manera relevante en términos de inclusión. En sociedades premodernas este tipo de exclusiones se las representaba simbólicamente como expulsiones de la sociedad. En Grecia el ostracismo se constituía como la muerte política, por ende, la defunción en cualquier ámbito público. Por su parte, Roma podía, bajo la figura de la proscripción (proscriptio), confiscar los bienes del inculpado y ordenar su asesinato. Otros ejemplos pueden ser agrupados bajo la figura de la muerte civil, la cual en la Edad Media significaba tanto la pérdida de cualquier tipo de derecho, como también la obligación de cualquier sujeto de dar muerte biológica al muerto civil. Exactamente el mismo caso, persecución y obligación de dar muerte, puede encontrarse en las personas declaradas vogelfrei (pájaro libre) en el Imperio Romano Germánico. Estos casos resultan particularmente interesantes pues la muerte como concepto re-introduce la distinción social y biológica.

La forma previamente descrita genera variados problemas al proponerse como solución de problemas actuales. Osama Bin Laden fue declarado vogelfrei por EEUU, siendo asesinado en consecuencia. Informes de la Unión Europea y del senado de EEUU han dado cuenta de la existencia de cárceles secretas donde se ha aplicado de manera sistemática la tortura por parte de la CIA. ¿Acaso es posible imaginar un mejor ejemplo de muerte social que los presos de Guantánamo que no son considerados bajo ninguna circunstancia personas?

En base a lo anterior, quisiera ahora identificar y reflexionar en dónde sería posible encontrar un equivalente a lo que hemos descrito como muerte social. Tomaré dos casos de la política/derecho y finalizaré con algunos comentarios sobre las similitudes y diferencias entre muerte social y exclusión.

 

Exclusiones como muertes sociales en algunos sistemas sociales

En la sección anterior sostuvimos que la muerte social en sociedades premodernas se asociaba bajo la idea de expulsión. Con el arribo de la modernidad esto se complejiza pues la exclusión social puede adquirir tantas caras como formas personas posibles. De esta manera, y como ha sostenido Fernando Robles (2005, 2006, 2011), los procesos de inclusiones y exclusiones sociales se complejizan, concatenándose y reforzándose. Así, la exclusión del trabajo puede generar un efecto domino que cataliza otras diversas exclusiones. Chile es un ejemplo claro pues el medio dinero ha adquirido tal fuerza que es capaz de cortocircuitar las lógicas comunicacionales de otros sistemas sociales. Así, ya no sólo basta estar enfermo para ser construido bajo la forma persona paciente, sino que también la capacidad de pago, es decir, de cliente. Es posible replicar este ejemplo, con un lado de la distinción bajo la idea de cliente, y la otra en otros diversos sistemas sociales. Así, se es sujeto de derecho/cliente, estudiante/cliente, paciente/cliente, etc. Ergo, quedar sin trabajo puede alterar de manera catastrófica el lado ‘cliente’ de todas las otras distinciones. Esto tiene un efecto marcadamente causal: lo que puede llevar a que los niños sean expulsados del colegio o a la humillación de pedir rebaja en el arancel, a que jóvenes sean impedidos a acceder a las clases en la universidad aún siendo alumnos (pero no pagadores). Mismos casos pueden observarse en la salud y el derecho, entre muchos otros. El ejemplo cotidiano del endeudamiento para sostener el lado ‘cliente’ de la forma persona reafirma nuestra hipótesis. Piénsese por un momento los créditos para personas que no tienen acceso a la banca, brindados por el retail o los supermercados, los cuales tienen tasas de interés superiores al cien por ciento.

Tanto en la política como en el derecho se pueden encontrar claros ejemplos de lo que hemos entendido como muerte social. Tomemos como ejemplo la cárcel como organización e institución total [3]. La cárcel, como toda organización, construye a sus miembros bajo sus propias lógicas. En el caso de los presos, estos pierden su condición de configurarse de manera libre como personas, pues la organización carcelaria adquiere una posición de intermediaria. Dicha posición puede ser vista, por ejemplo, en la distinción preso/amante. El preso sólo puede ser observado como amante cuando la cárcel lo autoriza bajo la figura de visita conyugal, la cual debe ser autorizada y sujeta a múltiples variables –la primea de todas: tener a alguien que cumpla el rol de amante. Pero la cárcel también altera la construcción de la forma persona realizando una completa re-socialización [4]. Siguiendo con nuestro ejemplo, el preso puede ser observado como amante teniendo sexo con otros presos, aún en contra de su voluntad. La persona que sufre esto último en todas las cárceles del mundo tiene un estatus especial, por ejemplo, en la relación entre violentado/’actividades domésticas’.

Un ejemplo interesante de muerte social en el sistema político se puede encontrar en la reciente ley de ‘muerte civil’ aprobada en el Perú (El Comercio 2016). Dicha ley sostiene que cualquier funcionario que sea condenado por delitos de corrupción perderá su posibilidad de ejercer cargos públicos por veinte años. Si el delito fuese cometido bajo criterios organizacionales la pena pasaría de dos décadas a perpetua. Volviendo a nuestra idea teórica, el individuo condenado estará muerto, en tanto persona, para los diferentes roles posibles de desempeñar en el Estado. De manera interesante, también en el Perú, se ha aprobado una nueva legislación anticorrupción para empresas. Si estas últimas son condenadas, no podrían nunca más realizar labores para el Estado (Zubieta 2017). Esto llevaría la muerte social al nivel de las empresas en tanto personas jurídicas.

 

CODA

En esta cortísima entrada hemos intentado ir más allá de las habituales definiciones de la muerte como detención de la autopoiesis biológica de la vida. La muerte social, fenómeno habitual en las sociedades premodernas, se ha transformado en la modernidad bajo la idea de cómo es posible cesar las comunicaciones que entiendan a los individuos como personas. Pero también se puede excluir aún más a los individuos de la comunicación, esto es, cuando ya no se comunica sobre ellos, cuando ya ni siquiera son ‘tema’. Piénsese en Los Ochenta y Uno de San Miguel, los cuales en Chile pasaron de personas a individuos, de individuos a personas mediadas por la cárcel, de cuerpos a tema y de tema a sólo un recuerdo de pocos, que de cuando en cuando, aparece en sólo algunas comunicaciones.

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1 Si bien los animales, por supuesto, están sujetos a la mortalidad, la reflexión sobre ella y sus consecuencias serían la base de la reflexión filosófica del ser como postula Heidegger (2005).

2 El término ‘persona’ se refiere a la manera en que los individuos, en tanto unidades biológico- orgánicas, son observados en contextos comunicacionales. Así, para la familia la forma persona padre/madre es relevante, pero no así para participar bajo la idea de pago en el sistema económico. Si la posibilidad de pagar se viera mediada por ser buenos/malos padres/madres, el sistema económico entraría, seguramente, en un colapso. Para más detalle ver Luhmann (1998a).

3 Además del ya clásico estudio de Foucault (2005) sobre la cárcel, es absolutamente recomendable el libro de Goffman Internados. Este último define a las instituciones totales como “(…) un lugar de residencia y trabajo, donde un gran número de individuos en igual situación, aislados de la sociedad por un período apreciable de tiempo, comparten en su encierro una rutina diaria, administrada formalmente” (2001:13). En esta última definición caen fácilmente tanto la cárcel como el hospital psiquiátrico.

4 Una representación artística acabada y magistral de este problema puede ser vista en Oz de Tom Fontana (1997-2003). Una desafiante postura desde la teoría de sistemas en relación a las personas encarceladas se puede encontrar en Peter Fuchs en su texto Justizvollzug – systemtheoretisch.

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