Ni sociedad ni interacción, sino organización

Por Felipe Pérez-Solari

Doctorando y Docente

Foro de la Ciencia Internacional

Universidad de Bonn

La forma del problema: ¿qué diferencia organizaciones de interacciones?

 

Tan pronto como se piensa en la vida diaria, las organizaciones ponen a disposición múltiples formas de solucionar problemas prácticos y cotidianos. Se genera la expectativa de comprar carne en la carnicería, enviar a las niñas y niños a la escuela o que la policía detenga a los delincuentes, sean presentados ante un tribunal y, de ser cierto por lo que se los acusa, terminen en la cárcel. Lugar donde los presos no podrían “comprar carne”, ¿no? Estas expectativas siempre pueden derrumbarse, ante lo cual se presentan dos alternativas a dicha decepción: cognitivizar la expectativa y aprender o normativizarla e intentar cambiar la causa de la decepción. El primero en analizar esto no fue Niklas Luhmann como habitualmente se sostiene, sino Johan Galtung (1959). Si bien la centralidad de las organizaciones en la vida diaria es indiscutible, las ciencias sociales, también la sociología, no han desarrollado sistemáticamente un concepto de organización. A pesar de ello, se han creado complejas teorías sobre organizaciones como el Estado o la Iglesia, que no son reducibles a interacciones o sistemas funcionales como la economía o el derecho -el Estado no es el sistema jurídico o el político; la Iglesia no es la religión. Es posible sostener con un grado alto de certeza que el concepto sociológico de organización se sustenta habitualmente alrededor de dos hipótesis (cfr. Elkridge & Crombie 1974; Hassard 1995; Rowlinson 1997): a) las organizaciones se caracterizan por el espacio/lugar/forma/ritmo/estructura en el cual desenvuelven sus operaciones (‘para cambiar la educación hay que cambiar lo que pasa en las escuelas’ o ‘demasiados partidos políticos en un parlamento implican un sistema político lento’) y b) despliegan operacionalmente un esquema causal posible de describir mediante la distinción medios/fines (“La Familia Tattaglia mató a Luca Brasi para atacar al padrino”).

Estas dos alternativas presentan, a lo menos, dos problemas teóricos de los cuales se pueden desprender varias hipótesis. Me gustaría centrarme en tres: i) habitualmente se pregunta por ‘un espacio’ donde las organizaciones ‘operan/funcionan/representan/hacen/realizan/coordinan’, para posteriormente mediante  dichas variables explicar un todo. Por ejemplo, el espacio ‘escuela’ o equivalentes explica los ‘espacios escuelas’ donde la suma de dichos ‘espacios’ serían ‘la educación’; ii) el ‘espacio/lugar/forma/ritmo/estructura’ orienta el medio-fin que se despliega en la organización, el cual puede ser mediado por distintos sustantivos como ‘poder’, ‘racionalidad’ o ‘eficiencia’. De allí se desprenden sentencias como ‘las escuelas son lugares de poder’; ‘los jueces deciden de manera racional’ o ‘el modelo japonés de empresa se define por su eficiencia’. Si se problematiza con detenimiento i y ii, se puede señalar que el espacio/lugar/forma/ritmo/estructura donde el esquema medio-fin acaece, vuelve posible de observar ‘poder’, ‘racionalidad’ u otros. De esta manera se pueden sostener sentencias como ‘en las cárceles se puede ver el poder de la política, un biopoder’ o ‘las escuelas realizan la racionalidad del modelo pedagógico neoliberal’. Pero no queda claro qué es lo que diferencia a una organización de una interacción banal en la calle entre amigos que después termina en borrachera en un bar, el cual es por cierto una organización. Esta pregunta, de ninguna manera, niega la posibilidad de observar poder en una escuela o racionalidad en una empresa, sino que busca primero aclarar las diferencias entre interacciones y organizaciones. Para llevar a cabo dicho objetivo, se desplegará la distinción entre decisión (organizaciones)/presencia (interacciones).

Es posible introducir un poco más de complejidad al problema que nos convoca con algunas preguntas del tipo ¿dónde se puede ver esa ‘racionalidad’? ¿En el ‘investigador/a’ que la atribuye o cuando la organización ‘opera/funciona/representa/hace/realiza/coordina’? ¿Qué sucede cuando la organización dice que es ella misma ‘racional’, una racionalidad distinta a la del investigador/a? ¿Qué sucede cuando ese investigador/a quiere ‘intervenir’ la organización que está al mismo tiempo ‘describiendo’? -problema eterno e interminable de cualquier investigación con aspiraciones de acción (¿social?) o investigación-acción.

En una entrada de Sistemas Sociales las preguntas anteriores se pueden sólo reducir a unas líneas introductorias, pues el objetivo aquí es uno didáctico: tratar un problema sociológico posible de orientar con cierto éxito desde la teoría de sistemas. Es por ello que intento mostrar ejemplos y suspender los significados de ciertos conceptos y sentencias bajo los signos ‘ ’. Para continuar avanzando volvamos a la hipótesis del lugar del concepto de organización en la teoría sociológica. Por ejemplo, al día de hoy no es fácil encontrar distintas perspectivas que problematicen cómo las organizaciones se observan entre sí (Alter/Ego) o como ‘inter-accionan’ con ‘personas’, ‘individuos’ o ‘sujetos’, asumiendo que estos tres conceptos no son iguales (Luhmann 1998:231-244; Robles & Arnold 2001). Apenas se recurre a una perspectiva sensible al orden interaccional, la diferencia entre interacción y organización se lee como un ‘tipo de interacción’ con un ‘espacio’ distinto. Piénsese en las interacciones estratégicas o la distancia de rol vía salidas-en-forma-de-carrusel (Merry-go-around) en el estructural-funcionalismo de Erving Goffman (1961:73-134). Algo también posible de atribuir a otra gran tradición “interaccional” como la etnometodología, en donde las organizaciones se entienden como interacciones-en-contexto-de-organización (Atkinson & Drew 1979; Wahlen & Zimmerman 1990; Lynch & Bogen 1997:99-122). La posición teórica de la etnometodología brinda algunos problemas que han sido ignorados o muchas veces despreciados por la “sociología profesional” y que pueden ser retomados en pos de replantear la pregunta por las organizaciones y su lugar en la sociedad -léase el ataque de Lewis Coser, como presidente de la American Sociological Association a la etnometodología y la sucesiva discusión (Coser 1975, 1976; Featherman 1976; Mehan & Wood 1976; Treiman 1976; Zimmerman 1976), así como el problema de la “sociología profesional” discutido por Garfinkel (1990).

Si bien la etnometodología se ha negado, con fundadas razones, a emprender teorizaciones que vayan más allá del espacio en el cual la acción social como un hecho observable/reportable acaece, esto busca resolver dos problemas: mantener una férrea disciplina de la investigadora o investigador mediante una indiferencia, así como evitar la trampa del Plenum de Parsons (Garfinkel & Sacks 1986 [2017]:164-164; Garfinkel 1990). El plenum se realizaría cuando se asume como axioma que la vida cotidiana acontece dos veces: uno en los escritorios de sociólogas/os y otro en la vida cotidiana de la que usted y yo participamos, también como sociólogas, como amantes o pagadores, creyentes, y así sucesivamente. Por ejemplo, asumo en una temporalidad anterior, que Ud. en una temporalidad posterior a este preciso momento (pasado) en el que estoy escribiendo, podrá diferenciar entre a) la información aquí planteada como una diferencia entre diferencias y b) la en que esta es dada a conocer (Mitteilung) y usted, sea humano, máquina o algoritmo, distinga entre a) y b) (entender) (Luhmann 1992). Dicho de otra manera, que la explicación que aquí se expone sea observada como no completamente falsa (no no-verdadera); que sea observada como una explicación científica de una experiencia que tiene lugar en la vida cotidiana (Maturana 1990). También la cotidianidad de quien lee esto sea historiadora, sociólogo o persona no ‘lego’ en ciencia. Por supuesto, las ‘explicaciones’ no controlan la manera en que son observadas, y señalar que quien no ‘observa de cierta manera’ es un desviado, enfermo, inmoral que no sigue patrones de orientación normativo-cultural asentados o es presa de la anomia son observaciones/reportes científicamente inaceptables, pues en ese preciso momento se hace presente el Plenum de Parsons. En el mundo de Parsons uno nunca sabe realmente en qué parte del AGIL está su teoría o por qué él mismo no está en las conductas desviadas, dado sus fundamentos neo-kantianos que él llama ‘analíticos’ (Parsons 1938, [1951] 1991). Abandonar el modelo parsoniano, no ha significado nunca acabar con las preguntas planteadas por dicho modelo. Quienes han dejado en el olvido la teoría de la acción social en su versión parsoniana, han tenido que pagar el alto precio de no contar con respuestas a distintos problemas teóricos que no son reducibles a distinciones del tipo micro/meso(?)/macro o corto/medio/largo alcance (Merton 1972:56-91; Knorr-Cetina [1981] 2014:1-48).

Un ejemplo concreto puede poner a prueba el Plenum, en tanto uno se pregunta qué adaptación (A), consecución de objetivos (G), integración (I) o latencia (L) puede observarse en una interacción que acontece en un espacio organizacional, pero teniendo en cuenta cómo se resuelve el problema de contingencias enfrentadas vía expectativas que se realizan comunicativamente (¡no mentalmente!). Esto corre para cualquier interacción, pero centrémonos en las que acaecen en organizaciones. Para sellar la idea, le pido por favor escuchar con atención el diálogo entre un “cliente” y “vendedores”, cuando el primero quiere comprar un disco de Mozart en una farmacia.

 

Nuevamente, ¿qué diferencia interacciones de organizaciones? Se debe poner atención que no se pregunta por su unidad, como el cliente comunicando su deseo de manera firme, convencida y absolutamente indiscutible de comprar un disco de Mozart en una farmacia, sino por la diferencia entre esa interacción y la farmacia como organización. Por oposición, las organizaciones no sólo son interacciones entendidas como interacciones face-to-face en las cuales acaecen explicaciones prácticas de carácter indexical y contextural (Goffman [1959] 2004; Garfinkel [1968] 2006; Robles 2002). Tampoco son interacciones orientadas hacia la satisfacción de pautas en las cuales tiene lugar una interpenetración de sistemas de personalidad, sociedad y cultura, los cuales en última instancia se realizan en la sociedad como un suceso normativo. De ser así, como en el Plenum de Parsons, al tipo de la farmacia habría que tratarlo como un desviado (Parsons [1951] 1991). Menos aún, son las organizaciones una mera representación de una suma de “acciones racionales orientadas hacia fines”, como la burocracia en el mundo de Max Weber (2014). Tampoco es plausible sostener que la orientación de la acción de manera subjetiva hacia otro aclara un take-off identificable de una `ética personal´ de carácter religiosa, generada por una “afinidad electiva” entre una estructura económica particular -capitalismo- y una a orientación personal religiosa particular – la protestante calvinista (Weber 20022011). Este punto merece una desviación en la explicación, por la cual pido disculpas.

Sin querer entrar en el interminable debate sobre la ética protestante, descrito de manera metódica y brillante por Francisco Gil Villegas (2015) -a quien entrevistamos en Sistemas Sociales (2016), las tesis weberianas no resisten la consistencia de dos tesis historiográficas que no han sido refutadas y que se relacionan directamente con organizaciones e interacciones. Según Jacques Le Goff (1996), la usura y el crédito fueron para la teología medieval un problema bajo la distinción tiempo/trabajo, el cual se solucionó reinventando la idea de trabajo en relación a la producción de dinero vía crédito -ganar dinero a través del dinero es trabajo. Esto no sólo tuvo consecuencias inmanentes, expandiendo el acceso al dinero vía crédito, sino trascendentes al incluir a los “usureros” en un espacio trascendental especialmente creado para ellos: el purgatorio. La segunda tesis se refiere a la necesidad de dos controles de carácter económico/político: control del circulante en metálico y control político-militar de los competidores económicos en el proceso de la primera y segunda revolución industrial. De ambos ‘problemas de control’ fueron protagonistas el Imperio Inglés y el Imperio Chino. Esta tesis ha sido defendida con consistencia por la “Escuela de California” en historiografía económica (Pomeranz 2000; Vries 2010), no siendo consideradas con la debida rigurosidad por parte de la sociología (Casanova Forthcoming). No deja de ser relevante que una interacción ‘mediada’ por el dinero, como medio de comunicación simbólicamente generalizado, adquiere fuertes características organizacionales. Piénsese en el monopolio legítimo de la emisión de dinero que se atribuyen todos los bancos centrales del mundo para sí. Si no me cree, intente imprimir una cantidad importante de billetes en su impresora e intente salir a comprar con ellos -aunque la contingencia permite hoy pagar con bitcoins. En última instancia, las tesis de la Escuela de California adquieren una nueva relevancia cuando se mira con detención la actual ‘guerra económica’ entre China y EEUU (Rudd 2019). La diferencia entre interacciones y organizaciones, entonces, adquiere una inusitada importancia para tratar diferentes problemas científicos.

Atacando nuevamente el problema, las interacciones, por definición, deben lidiar con el problema del “estar presente”, como cuando una alumna/o dice “presente” en la Escuela ante el profesor que la/lo nombra. Pero el en vivo de la presencia tiene una trampa, pues es un en vivo que se observa/explica “en el acontecer de la interacción”, como las investigaciones en lógica, pragmática lingüística y etnometodología han demostrado con una consistencia difícil de refutar (Garfinkel & Sachs [1986] 2005:157-190; Carroll [1895] 1995; Pitt 2001; Wittgenstein 2016; Garfinkel & Rawls 2019). Entonces, se puede “hablar sobre el estar presente”, “explicar el haber estado presente en una interacción” o simplemente ser asumida la presencia como un problema de percepción. Como quien “está presente”, pero no “dice nada”; quién no es “relevante como Persona”, en términos de Goffman ([1959] 2004) o Luhmann (1998:231-244). Dicho en corto: cuando la presencia se relaciona con la percepción de dicha presencia y cuando se ´observa` (observa/reporta) aquella presencia “percibiendo-una-presencia-presente”. Un ejemplo es la explicación que le brinda Alter a Ego, sobre su pasada/futura interacción con Illud[i]. Como una psiquiatra escuchando el relato del paciente, en el cual el segundo describe su conversación con dios el día anterior. Pero, la psiquiatra tiene en consideración el relato del guardia, el cuál le comentó que el día anterior “el paciente de la habitación 204 estuvo hablando sólo…parece que hablaba con Dios”. Esto adquiere gran relevancia cuando se entiende que la psiquiatría construye a ese paciente en un hospital psiquiátrico -institución total- con el concepto de “persona despersonalizada”, así como las consecuencias sociológicas de esa construcción como una “carrera moral del paciente” (Szasz 1957; Goffman [1961] 2001).

A diferencia de las interacciones, las cuales deben lidiar, realizar, representar, describir, catalizar la presencia, las organizaciones deciden. Tan pronto como se entiende que las interacciones y las organizaciones son sistemas comunicacionales con características de emergencia distintas -auto-catálisis-, se puede perseguir la distinción como una diferenciación de sistemas orientados hacia la presencia o hacia las decisiones. Si dichos sistemas son autopoiéticos, es decir, reproducen sus operaciones a partir de sus propias estructuras, lo cual realiza una organización de dichas estructuras, la presencia y la decisión tomarían caminos radicalmente distintos. Si hablamos de sistemas sociales ambos se realizan estructuralmente bajo estructuras de expectativas que se organizan de manera distinta. Para esto es de radical importancia la diferencia Organización/Estructura desarrollada por Maturana y Varela (2006). Interacción/Presencia y Organización/Decisión constituyen sistemas que se diferencian en “planos” distintos (Differenzierungsebene), no formas de diferenciación distintas -segmentación, estratificación, centro/periferia, diferenciación funcional –Differenzierungsformen (Luhmann [1975] 2013:197-214) Una vía prometedora es problematizar, por tanto, presencia y decisión.

 

Adaptación como característica fundamental de sistemas comunicativos entre presentes.

Los sistemas interactivos que lidian con la presencia o “acaecen entre presentes” no serían sistemas evolutivos (“que se diferencian”), sino adaptativos. De manera muy compacta, lo anterior se explica ante tres condiciones a las que deben simultáneamente adaptarse los sistemas interacciónales de manera constante, precaria y siempre contingente. Es probable que el sistema tenga que navegar entre absurdos, enunciados ininteligibles o aburridos, quizás también tautológicos. Piénsese en todos los problemas que debe resolver una ‘citas a ciegas’, hoy ‘citas tuertas’ gracias a Tinder o Grindr (Licoppe, Rivière & Morel 2016). Dichas condiciones simultáneas son: se habla sobre un tema -“sobre que gran músico es Mozart y no sobre la vida sexual de los otros” (i), coordinando los turnos del habla (ii) -“que no sea un monólogo” y asumiéndose que quien habla espera ser entendido (iii) – “quise decirle que la amo y creo que me creyó”.

Lidiar con estas tres condiciones de manera simultánea impone una complejidad de altísimo nivel.

Piénsese en algo tan cotidiano como cuando los borrachos intentan hablar con los sobrios o las peleas que comienzan desde ofertas comunicativas anteriormente negadas, como muchas peleas de pareja; comunicaciones que comienzan sus premisas desde la contradicción y el conflicto (Luhmann 1998). Cuando el cliente insiste en querer comprar un disco de Mozart en una farmacia y la contradicción no puede resolverse (¡). Las interacciones entre presentes, por tanto, se diferencian como sistemas comunicacionales diferenciados de un entorno que no puede ser replicado dentro del sistema -se habla sólo de un tema, no de varios temas. Por el contrario, “llevando-sus-entornos” dichos sistemas comienza una interacción entre, por ejemplo, “personas que se aman”, donde se pueden observar expectativas que se realizan en ese momento, pero que tienen su “propia historia” (Luhmann [1975] 1999; Robles 2002). Por todo lo anterior, las interacciones serían sistemas comunicacionales adaptativos, no evolutivos, si es que sólo atendemos a la presencia que emerge y desaparece. Si las interacciones no pudiesen terminarse o programar su propio fin los individuos humanos no podrían dormir. Todos hemos tenido la sensación de querer apagarnos para escapar de una interacción o apagar al otro por un rato, quizás para siempre. Apagar, obviamente, no necesariamente significa asesinar al interlocutor, basta con nunca más hablarle y prohibirle al resto que se hable de él. Pero, nuevamente, si se piensa en la organización, el problema adquiere tintes radicalmente distintos cuando dicha prohibición se hace contra un periódico, el cual puede defenderse apelando a la libertad de expresión como derecho fundamental (Frei, 2013).

Las organizaciones resuelven el problema de la presencia en tanto deciden. Entonces queda pendiente la pregunta por las características de la decisión en oposición a la presencia, que es ella misma presente.

 

Sin decisión no hay organización, sin organización no hay decisión.

Si los sistemas interacciónales son adaptativos, mientras las organizaciones son sistemas evolutivos, la pregunta se orienta rápidamente hacia la diferencia entre adaptación interactiva y evolución organizacional. Los sistemas organizacionales logran sobrepasar las interacciones entre presentes en base a decisiones que permiten observar sus entornos, identificar el alcance de sus decisiones, riesgos e incertidumbres, así como la manera de dejarlos en el pasado u orientarlos hacia el futuro (Arnold 2008). De esta manera, la decisión construye expectativas que absorben incertidumbre ante posibilidades que son en principio infinitas, pero que para decidir no pueden ser observadas como tales (Luhmann 2016). Un problema de elección entre variedades (Ashby 1991).

Se les ha llamado a las organizaciones “máquinas decisionales” (Nassehi 2005), también se han especificado sus condiciones como “firmas” (Baecker 2006). Pero apenas se pregunta por la diferencia entre interacciones y organizaciones, estos enfoques no han remarcado con suficiencia la diferencia entre las policontexturalidades e indexicalidades relativas a dichos sistemas sociales. Por ejemplo, en la puesta en uso de medios de comunicación simbólicamente generalizados -amor, poder, derecho, dinero, verdad, entre otros. Si dichos medios se organizan, la pregunta es cómo lo logran cuando se puede señalar de manera cotidiana, práctica e indiscutible que uno ama o no ama (amor), paga o no paga (dinero), amenaza o no amenaza (poder), entre otras múltiples posibilidades, que son observables en interacciones-en-contextos-de-decisión (Luhmann [1997] 2007:245-324; Garfinkel [1968] 2006:121:133). A esto le dedicaré unas líneas en la conclusión.

En sus condiciones mínimas, las organizaciones por medio de sus decisiones logran procesar diferencias -información- y que estas sean observadas -notificación; señalando a quienes se espera que incumba la decisión y la diferencia entre incumbentes -membresía. Las decisiones buscan observar “el afuera” que es relevante dentro -entornos. Una vez que una decisión es realizada, sirve como posible información para la siguiente, señalando la posibilidad de construir expectativas, por ejemplo, en la manera de predicciones o premisas -estructuras. A estas características se dedican las cuatro subsecciones siguientes, antes de la conclusión. Mediante las decisiones se pueden resolver problemas que difícilmente podrían ser puestos en práctica por interacciones entre los mismos presentes lidiando con el desafío de la adaptación. Por último, las organizaciones acoplan interacciones mediante programas que resuelven el problema de su fugacidad, rutinizándolas y pudiendo volverla altamente formales. Tome como ejemplo un examen oral al final de una asignatura, así como clásicas interacciones entre médico-a/paciente, abogada-o/cliente-a o sacerdote/creyente.

 

Información: La variedad necesaria para observar una variedad inobservable.

Las decisiones en la organización, en tanto deben comunicar sucesivamente una información previamente seleccionada en una decisión anterior, lidian con el problema de que dicha información comunicada sea observada, intentando prever que será comprendida de una manera determinada por sus miembros y sus entornos. Aquí se deja caer el problema de la variedad entre variedades múltiples que suceden de manera simultánea, característica por excelencia de los sistemas complejos en tanto maquinas no-triviales (von Foerster 2014). Tan pronto como se apela al esquema casual medio-fin, este es posible de ser contrastado contra otro esquema causal medio-fin, punto ciego de las clásicas teorías de la organización -cómo el enfermo que espera ser observado como paciente (“que padece”) de una patología y no como “hipocondriaco”. Así, el esquema causal medio-fin en una organización puede ser observado, subvertido, incluso negado al sobreponerse otro esquema medio-fin distinto. Esto se entiende rápido cuando se toma con seriedad el problema de descripciones contexturales, que siempre pueden ser policontexturales. Dicho de otra manera, puede haber un fin mediado por reglas (contextura), pero también un fin mediado por sentimientos (contextura), en los cuales los criterios de verdad/falsedad u otros pares lógicos no pueden articularse de manera consistente en tablas de verdad. Esto puede ser una contradicción en el mundo de Max Weber vía otro Plenum, donde se identifican distintas orientaciones de la acción social, pero que no son observables contexturalmente entre ellas, y apenas se le señala al investigador o investigadora esta consistencia siempre está disponible la disculpa: “es que estoy hablando de tipos ideales” (Plenum). El Plenum en la teoría de sistemas se disuelve en tanto es posible observar comunicaciones, que incluyen a la misma teoría que debe ser comunicada para ser social, y cómo en este proceso se abren y cierran las tres leyes clásicas de la lógica aceptando la posibilidad de negar el tercer excluido  -identidad, no-contradicción y tercer excluido. Aquí se entiende por qué la ‘vida’ misma es policontextural, ante la necesidad de resolver el problema del orden social como un problema de contingencias dobles confrontadas, que auto-producen expectativas (Galtung 1959; Günther 1959).

 

Membresías: competencias/aportaciones en un universo de indiferencia.

Los miembros son distinguidos en las organizaciones bajo la forma competencias/aportes. Dicha forma no se agota al elegir un lado, pues quien no es competente también puede aportar con su incompetencia a la comunicación sobre membresías (Arnold 2008; Luhmann 2016). Las organizaciones lidian con las “personalidades” de sus miembros, anticipándose a situaciones de “carácter personal”. Por ejemplo, se construyen “departamentos de personal» o «recursos humanos”, “comités de buenas conductas”, se regulan los permisos para ausentarse y así sucesivamente. Por supuesto, cualquier construcción de membresía es una membresía-en-observación en la cual se pueden generar distintos ‘espacios comunicativos’ en los cuales esas reglas pueden flexibilizarse, discutirse o sencillamente romperse. Piénsese en la clásica distinción entre Frontstage/Backstage de Erving Goffman ([1959] 2004), donde la acción frente a un público y otro permite orientar la autopresentación. Por último, las membresías se auto-organizan diferenciando quién es miembro de quién no, lo cual conlleva impactos radicales para la inclusión o exclusión social. Las decisiones sobre membresía permiten a las organizaciones altos grados de indiferencia: se es indiferente ante quien no es miembro. Dicho de otra manera, los sistemas son in-diferentes cuando acaece una comunicación en la cual la información observada no produce diferencias futuras. Esto es siempre móvil, como demuestra el cliente pidiendo con firmeza su disco de Mozart en la Farmacia (¡).

La exclusión de las organizaciones se dirime nuevamente bajo la forma competencia/aportaciones, en tanto debe comunicarse como decisión. Tanto pronto como se toma en consideración al derecho, la exclusión de un miembro de su membresía puede, bajo comunicaciones sobre derecho, apelar a la decisión de exclusión -despido/desvinculación/expulsión/etc. Es habitual que la administración del sistema político ponga a disposición agencias que supervisen las razones de exclusión y, eventualmente, sean ‘parte’ en un proceso judicial, como las «direcciones del trabajo». Esto genera enormes complejidades, pues no es lo mismos ser expulsado del trabajo por, digamos, la orientación sexual del empleado o empleada, a que pelear un contrato de servicios con una empresa incompetente. En términos técnicos los contra-círculos de poder entre agencias estatales enfrentadas en el poder judicial, expande el uso del medio poder y derecho. Piénsese en si la orientación sexual e identidad de género se incluyen dentro de la no discriminación por sexo de la ley de derechos civiles estadounidense, pregunta a resolverse por parte de la Corte Suprema en los siguientes meses (Ring 2019).

Un fenómeno que abre muchísimas preguntas para una perspectiva organizacional puede ser la última ola del movimiento social feminista, asumiendo que los movimientos sociales emergen como sistemas sociales autopiéticos (Luhmann 1996). Los movimientos sociales actuales, descritos como nuevos movimientos sociales (Habermas 1981; Japp 1999), disciplinan sus temas (mujeres, medioambiente o minorías sexuales) en base a peligros que necesitan una atención urgente: su discusión debe ser inmediata. Otra característica es que los temas auto-organizan a dichos movimientos y no proyectos políticos generales identificables como liberales, socialistas o conservadores: las ONG’s pueden organizarse en relación a los temas muchas veces con un  éxito mayor que los partidos políticos. Por último, dichos movimientos activan la protesta como una forma de comunicar el tema, pero utilizando una pluralidad de estrategias que buscan que “se comunique” sobre dicho tema. Con internet la protesta no es sólo en la calle, sino que se duplica en las redes sociales. #Metoo, a pesar de haber tenido en un comienzo otro significado (Ohlheiseren 2017), logró evolucionar desde trending topic de Twitter a una exitosísima forma de presentar el tema del movimiento feminista. Ahora, volviendo al problema de la membresía, piénsese cuando la siguiente pregunta emerge en los medios de masas, la ciencia, la política o la economía o en la más banal de las interacciones: ¿existe una razón que justifique un salario desigual cuando las “competencias/aportes” (membresía) entre mujeres y hombres es igual?

Otro reciente desafío problematizado por el movimiento feminista y posible de observar bajo la distinción entre interacciones y organizaciones, refiere a la solicitud de expulsión de miembros de sociedades científicas, entre otras diversas organizaciones, por acusaciones observadas como acciones constituyentes de acoso sexual, las cuales no siempre constituyen acciones punibles para el sistema jurídico. Dicho de otra manera, las organizaciones científicas y las decisiones sobre su membresía no tienen la obligación de transformar una acción en una imputación bajo la forma acción/prohibición como la programación penal del derecho (de Giorgi 1984), pero dichas decisiones organizacionales pueden ser apeladas en una corte de justicia. Dicho de otra manera, se puede expulsar de una organización a alguien en base a criterios que son de la organización, no estrictamente legales, y que pueden ser eventualmente apelados ante una corte. Piénsese en la siguiente situación reporteada por Nature (Wade 2019). David Yesner fue expulsado de la Universidad de Alaska por acoso sexual de varias estudiantes en base a las regulaciones contempladas en el Title IX de la ley federal de derechos civiles norteamericana[ii]. El escándalo estalló cuando Yesner asistió al congreso anual de la Society for American Archaeology siendo visto por varias de sus víctimas. Ellas reportaron la presencia del expulsado profesor, pero la Asociación no dio una respuesta contundente a los reclamos, así como demostró no poseer ningún protocolo organizacional para lidiar con este tipo de situaciones. Esto motivó una carta firmada por casi 1.500 académicas y académicos.

Así, emergió la pregunta: ¿puede ser miembro activo de una asociación científica, lo cual lo habilita a ir a sus congresos, votar en la mesa directiva, etc., alguien encontrado/a culpable de acoso sexual en un proceso administrativo universitario basado en una ley federal anti-discriminación? La respuesta fue afirmativa, por lo que Yesner fue finalmente expulsado de la Asociación, señalando esta la potestad de decidir soberanamente sobre los criterios de membresía. Ante la necesidad de diferenciar un criterio organizacional de uno jurídico penal, se han catalogado las acciones de carácter sexual que contemplen un daño a una de las partes, como una conducta científica/profesional inapropiada (scientific misconduct). Dicho criterio ha sido adoptado por distintas asociaciones científicas como la American Geophysical Union (2017) o la American Anthropological Association (2018, 2019). He utilizado como ejemplo el caso de EEUU pues las universidades se rigen por una ley específica de antidiscriminación basada en el género, pero por supuesto que el fenómeno no se reduce de ninguna manera a dicho país ni a las organizaciones que se orientan bajo el sistema científico.

La forma competencias/aportaciones se puede replicar y abrir hacia las ofertas de inclusión y exclusión que estabilizan sistemas funcionales (economía, derecho, política, etc.) bajo la inclusión en roles de desempeño (Leistungsrolle) o de público (Publikumsrolle), como las descritas por Rudolf Stichweh (2009; 2016), reconfigurando las ideas de Erving Goffman y Talcott Parsons en los textos más arriba citados. El rol genera expectativas que pueden ser reconstruidas comunicativamente en tanto diferencia quien desempeña y quien observa. Por ejemplo, a nivel de sistemas funcionales (derecho, política, ciencia, etc.) la inclusión se vuelve total, en tanto se pregunta razones política para excluir a las mujeres del derecho a voto o a ser elegidas estas se vuelven falsas, problemáticas o derechamente absurdas; mismo caso para excluir a una educanda o educando de la educación por razones pedagógicas o didácticas. La particularidad de las organizaciones es que pueden sobreponer sus criterios de membresía a la hora de observar las inclusiones de carácter funcional, como las clínicas privadas que sobreponen la inclusión de la o él paciente por su rol de pagador o pagadora.

La inclusión/exclusión social como problema comunicativo no refiere a la observación sólo de individuos humanos, como se señaló anteriormente. Así, la inclusión en las organizaciones en términos de membresía, no es igual que en interacciones o sistemas funcionales. Señalo la diferencia entre individuos humanos y no-humanos pues se vuelve evidente que “persona” como una observación que atribuye expectativas de comportamiento a un ser humano, no agota las posibilidades que puede activar la membresía de un sistema organizacional. Piénsese en cuatro casos: a) las mesas directivas de una empresa, donde formalmente se representan a otra organización, y que pueden estar atadas incluso a otras organizaciones. Por ejemplo, el escándalo Volkswagen en Alemania y los sindicatos de la empresa como organización distinta a  Volkswagen que tiene un asiento en la mesa directiva, discutiendo decisiones de carácter gerencial; b) hasta bien entrada la modernidad en las cortes penales europeas era posible juzgar a chanchos, cerdos, ratones o pájaros como sujetos de derecho, que podían ser condenados o absueltos e) la relación entre gobierno/oposición donde la distinción se realiza en base a la movilización de decisiones por parte de partidos políticos que no siempre están de acuerdo con el gobierno y d) el importante debate sobre la robotización y si los robots son miembros de una organización o no, en tanto se ha planteado que estén sujetos a regulaciones legales como el pago de impuestos o posibles responsabilidades penales (¡como los chanchos!) (Heinemann 1906; Asimov 2000; Robertson 2014; Reuters 2016; Waters 2017).

La distinción rol de desempeño/rol de público se re-especifica en las organizaciones y les abre posibilidades ciertamente insospechadas. Por ejemplo, si la medicina construye a los pacientes bajo criterios de clasificación de enfermedades (nosología) observables en vivo bajo una interacción (patología), Luhmann (2016) cometería un error al señalar que el código de la medicina se guía por la enfermedad, pues los síndromes o trastornos, no son técnicamente enfermedades. En cambio, si se enfoca la inclusión de pacientes en la medicina bajo la forma nosología/patología, no hay ninguna razón teórica plausible que impida señalar que una vaca, un oso o un chancho son pacientes bajo la distinción nosología/patología, en tanto pueden ser incluidos en la medicina veterinaria. Este sencillo ejemplo plantea serios problemas a la muy aceptada tesis de que la ‘forma persona’ refiere a la inclusión/exclusión de seres humanos, en tanto se les atribuyen expectativas de comportamiento y se espera que dichas formas sirvan para los acoplamientos estructurales entre sistemas psíquicos y sociales. Por ejemplo, ¿dónde ubicar a una vaca en la distinción rol de desempeño/rol de público en la medicina veterinaria? ¿es ella una «persona» en la distinción persona/no-persona?

 

Entornos: Cómo el “afuera” siempre se mira “estando dentro”.

Las organizaciones se enfrentan al problema de absorber incertidumbres por medio de decisiones que resaltan relevancias informativas. Esto considera una información “del afuera” (entorno) que, por medio de la reproducción de decisiones, se vuelve un “afuera” que es “propio”, es decir, se construye un entorno (“afuera”) que es siempre un entorno interno (“el afuera-estando-dentro”). Dicho de otra manera, el afuera-que-está-dentro pero que se mira-desde-dentro-refiriendo-al-afuera, como en la canción de The Beatles (1968), no como mónadas en la comprensión desde Pitágoras hasta Leibniz (Glanville & Varela 1981; Robinson 2018).

Cualquier sistema diferencia entre sí mismo y su entorno -sistema/entorno, y los sistemas evolutivos (¡no adaptativos!) pueden construir entornos internos que pueden ser múltiples. De esta manera, las organizaciones, como sistemas evolutivos, se valen de entornos relevantes para la selección de informaciones a comunicar en forma de decisiones. Los entornos internos pueden, eventualmente, generar distinciones precisas que no dejan lugar a dudas sobre las relevancias de comunicaciones sobre política y no derecho, sobre arte y no moral, sobre religión y no turismo. Un ejemplo interesante es la venta de Pepsi en la Unión Soviética, y cómo la Unión antes de su disolución le pagó a PepsiCo con naves de combate (The New York Times 1989; Ewank 2018).

Los entornos internos como ‘dentro’ que describen ‘lo que está afuera’ pueden observarse, por tanto, hacer relevantes ‘el afuera’ en el ‘adentro’ de la organización, como los casos descritos en las asociaciones científicas. Pero las organizaciones pueden emplear la distinción riesgo/peligro en pos de decidir sobre afueras que se tematizan dentro, como la justificación de poner una central nuclear/cárcel/represa cerca de un barrio residencial. Mismo caso cuando una corte constitucional debe lidiar con el problema de reflexionar derechos fundamentales que incluyen a toda la población o a una gran parte de ella transformando peligros en riesgos (Pérez-Solari 2014). Riesgo/peligro, como el ‘afuera-que-está-dentro’, orienta también la posibilidad de que los afectados por una decisión, que no siempre son miembros, puedan plantearse como público ante los que deciden: Protestas del tipo “no queremos energía nuclear (¡)” (Luhmann 2013:333-344).

Los entornos internos brindan información para todas las decisiones, también las que lidian con membresías. Siempre se les puede preguntar a las ONG’s dedicadas a la pobreza, quiénes son los/las/les pobres que les interesan. Por ejemplo, ¿todos les pobres? o ¿algunos en específico distinguidos bajo criterios especiales? ¿cómo el espacio? Como en la distinción Norte Global/Sur Global, la cual ha tenido un enorme éxito en las ciencias sociales (Pagel, Ranke, Hempel & Köhler, 2014).

 

Estructuras: decisiones observables/reportables sobre decisiones pasadas/futuras

Las estructuras de decisiones permiten orientar expectativas a la hora de generar otra decisión. Es decir, los sistemas organizacionales, como sistemas comunicativos, permiten moldear expectativas que pueden ser reversibles hacia el pasado y el futuro (Luhmann 1998). Este es un tema profundamente estudiado en la teoría de sistemas, en especial en el problema de la “legitimidad de procedimientos” en la política y el derecho (Luhmann [1975] 1983), además de la forma de construcción de decisiones en términos de estructuras e informaciones en los tribunales de justicia (Luhmann 1995). Las estructuras brindan informaciones que permiten mirar hacia el futuro y el pasado, pueden reconstruirse en el momento y son contrastables. Ante la impasibilidad de expandir las consecuencias del problema por términos de espacio, podemos enfocarnos en la manera en que la escritura, mediante artefactos comunicativos y la conversación, impactan en la construcción de expectativas en las decisiones. Entre muchos, podemos seleccionar dos ejemplos relevantes relacionados con el sistema jurídico.

Por primera vez en la historia, los Juicios de Núremberg abrieron la posibilidad de reconstruir decisiones e imputarlas a distintos funcionarios de un Estado. Este proceso fue llevado a cabo por una Corte Militar impuesta por las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial. La reconstrucción de decisiones no sólo fue de decisiones de carácter político, legal o administrativo, sino también de carácter estrictamente militar. Aunque las operaciones militares estaban previamente reguladas en distintos instrumentos del derecho internacional, nunca antes habían sido juzgadas a la luz del derecho penal (Internationalen Militärgerichtshof 1947; Plesch 2017). Si bien es difícil establecer un criterio de causalidad, se ha sostenido con éxito la tesis de que los Juicios generaron una actualización en la forma de impartir órdenes (decisiones) en organizaciones militares, en pos de que estas no pudiesen ser fácilmente reconstruidas (Nino 1998). Primero, el Ejército Francés en Argelia, y después las FFAA latinoamericanas entrenadas por EEUU bajo la Doctrina de Seguridad Nacional, siguieron el principio de que las operaciones consideradas delito fueran a través de sucesivas ordenes orales, face-to-face, donde los papeles fueran secundarios. Dicho de otra manera, si se ordenaba realizar una misión a todas luces ilegal o reñida con el derecho, como torturar, hacer desaparecer o aniquilar personas, estas decisiones debían ser comunicadas de manera oral, jamás escrita (Pion-Berlin 1988; Buitrago 2003; Summo & Pontoriero 2012). Nada nuevo, por cierto, para las organizacionales criminales como la mafia y la Omertá (Paoli 1999). La transición desde ‘lo escrito’ a lo ‘oral’ no es menor cuando el derecho penal tiene que imputar delitos que implican una organización, sea en casos de tráfico de drogas o de terrorismo (Jakobs 2006; Cortes 2013).

Las estructuras decisionales al constituirse como una cadena actualizada y actualizable para orientar la toma de decisiones, no depende automáticamente de los miembros que se ven involucrados comunicacionalmente en una decisión o varias decisiones. Piénsese en los juicios penales que involucran un jurado compuesto por “ciudadanas y ciudadanos” en la tradición legal de la Common Law. Aquí el criterio es bien simple Culpable/No-Culpable, no existiendo un semi-culpable, medio-culpable o quizás-culpable -aunque sí un “sobreseído”. En técnico: se respeta el tertium non datur (Church 1928). Quien decide, es decir, los “ciudadanos y ciudadanas”, dependen de complejas estructuras decisionales que buscan una ‘imparcialidad’ en el juicio. Por ejemplo, si se juzga a un hombre por haber asesinado a su esposa, no lo juzguen sólo mujeres casadas. Si llegase a demostrarse que la decisión no fue legítima en términos procesales -legitimidad vía procedimiento como señala Luhmann, se debe realizar un nuevo juicio en el que quizás estén las mismas “ciudadanas y ciudadanos” o no, dependiendo la reflexión de la decisión realizada en base al marco de la estructura de decisiones. Todas estas complejidades generan una enorme presión en las interacciones, desde el ‘jura decir la verdad y nada más que la verdad’, amenazando a la o el testigo con el delito de perjurio o cuando las “ciudadanas y ciudadanos” se les impone la expectativa de una decisión ‘justa’. Un detallado análisis de este proceso de encuentra en los Estudios en Etnometodología de Harold Garfinkel ([1968] 2006:121:133).

Si a la lectora o lector le interesan estos temas, le recomiendo encarecidamente la serie The People v. O. J. Simpson o el documental The Jinx: The Life and Deaths of Robert Durst. Así como el libro de Julio Cortes, ya citado, sobre el Caso Bombas chileno, donde se acusó a trece personas de ser una organización anarquista de carácter terrorista. El caso es emblemático, no tan sólo por la derrota contundente que recibió el primer gobierno de Sebastián Piñera, al ser considerados las imputadas e imputados inocentes, sino también las distintas acusaciones de corrupción, atentados al debido proceso y persecución política vía pánico moral. El delito de terrorismo, señala la dogmática penal moderna, reside en la ‘motivación terrorista’ de la acción -causar temor en la población con fines políticos, no siempre en ‘la acción misma’. Cuando las ‘motivaciones terroristas’ se auto-organizan mediante decisiones, habitualmente la ley penal no persigue sólo a ‘personas naturales’ singulares, sino que puede atribuir delitos a dichas ‘personas naturales’ como organización. Para otra ocasión quedará el discutir el ‘terrorismo de Estado’ y qué lugar ocuparía en dicha definición el tomarse de manera rigurosa al Estado como una organización en los términos previamente descritos.

 

Conclusión
Organización/Decisión, Interacción/Presencia, medios de comunicación simbólicamente generalizados y semánticas.

 

La teoría de los medios de comunicación simbólicamente generalizados (MCSG) tendrá su propia entrada futura, pero aquí se pueden avanzar algunas hipótesis sobre su relación con las organizaciones e interacciones. Los MCSG se enmarcan dentro de la evolución de la comunicación como equivalentes funcionales de la moral y una superación de la retórica (Luhmann [1997] 2007:245-324, Pérez-Solari 2017). En términos muy simples, dichos medios, al plantearse como una oferta comunicativa, reposicionan la negación/aceptación en sus propios términos. Así, el sí/no se confronta con el derecho/no derecho, amor/no-amor, arte/no-arte, pago/no-pago, verdad/no-verdad, poder/no-poder, entre otros.

En los sistemas interactivos los MCSG ponen a disposición una codificación posible de introducir como temas de la comunicación, así como también un sinnúmero de semánticas parasitarias de dichos medios (Serres 2013), que pueden develar la estructura social. Piénsese en la monogamia y el amor o la justicia y el derecho. Esto tiene importantes consecuencias para la simbiosis entre el cuerpo y la comunicación, pues los medios permiten observar/reportar cuándo la comunicación irrita operaciones que no son sociales como las sensaciones, sentimientos, pensamientos, etc. Piénsese en la violencia física o psicológica mediada por el poder y el derecho, el amor y las relaciones sexuales o la percepción en la verdad y el arte.

Los medios al organizarse, es decir, al poder orientarse bajo decisiones y no sólo bajo presencias, pueden tratar las codificaciones de los medios como temas estrictamente organizacionales. Esto se vuelve patente al generar la expectativa de no ser ‘convertibles’ entre ellos: comprar amor o justicia o amenazar con el uso de la violencia (poder) para conseguir que una verdad sea aceptada como científica. Esta convertibilidad, por medio de la diferenciación de las organizaciones, puede expandirse y problematizarse, en tanto brindan a sus miembros beneficios monetarizables (sueldo/bonos/regalías/etc.), les permiten utilizar poder o derecho (políticos o jueces), así como establecer verdades (científicos). Las expectativas de inconvertibilidad acoplan semánticas en la propia operación de los medios, como el pagar por una decisión judicial, lo cual es observado como corrupción. Entonces, es posible hablar de convertibilidades basales (sueldo a los empleados) y convertibilidades secundarias (verdad científica como ‘verdad judicial’) (Cadenas 2012). Pero es posible agregar que las organizaciones, al organizar los medios, pueden resituar la relación simbiosis/MCSG, cambiando el lado del MCSG. Piénsese en las ‘relaciones sexuales’ y los medios poder, amor, dinero o derecho en confrontación con los clubs Swingers que hacen fiestas en las que se paga entrada, los delitos de carácter sexual en tribunales o las agencias de Scorts que lidian precisamente con el pago-por-sexo de manera organizacional. Otro ejemplo pueden ser los Think Tank y la convertibilidad secundaria de verdad (científica) y poder, en tanto dichas organizaciones pueden ser parte de un partido político o financiadas por ellos (Pinlla 2012). En Chile se pueden encontrar dos importantes ejemplos en Fundación Paz Ciudadana y Educación 2020. La  primera ha realizado un histórico lobby por orientar la política punitiva del Estado en base a la teoría de las ventanas rotas (Wilson & Kelling 1982). La segunda ha ganado prominencia en los últimos años, demostrando toda su influencia en la última reforma curricular (didáctica/pedagogía), la cual dejó como ‘optativos’ tanto a educación física como historia en los dos últimos años de secundaria (Arratia 2019). La convertibilidad basal permite reflexionar la simbiosis a la luz de distintos medios tanto en organizaciones, como las descritas, como en interacciones.

Para finalizar quisiese volver un segundo al concepto de ‘semántica’. Dicho concepto ha generado variados y enriquecedores debates en la teoría de sistemas, los cuales pueden ser sin duda un aporte a otras perspectivas teóricas de las ciencias sociales. A pesar de ello, los intentos de generar un concepto de semántica que cause un ‘acuerdo’ entre la comunidad académica han sido un rotundo fracaso. Justificar este enunciado merece a lo menos un par de artículos científicos, pero intentaré avanzar en una argumentación mínima. La semántica, en su versión teoría-de-sistemas, fue planteada como una respuesta/problema a otros enfoques como la sociología del conocimiento a la Mannheim (1985) o los análisis discursivos a la Foucault. El problema en Luhmann y Foucault refiere a que semántica y discurso plantean de manera estricta una observación de segundo orden. Son dos conceptos que presentan distinciones, formas de distinguir, pero no información -no un qué, sino un cómo. El que intente definir ambos debería leer detenidamente estructura social y tradición semántica (Luhmann [1980] 1993:9-70) y el orden del discurso (Foucault 1981:51-78). Tanto semántica como discurso no tienen significado, sino que son siempre una distinción en uso. Dicho de otra manera, se pregunta por diferencias, no por unidades, tampoco por identidades como unidades.

Un lector atento de Michel Foucault notará que nunca define qué es un discurso en su famoso ‘el orden del discurso’ o qué es la ‘sexualidad’ en su muy influyente ‘historia de la sexualidad’ (2000), pues se asume que en tanto se pregunta por ella o él, semántica o discurso, uno queda atrapado inmediatamente en la definición, de algo que se usa ahora, pero también en un momento pasado. Si una forma de discurso moderno puede identificarse bajo la distinción ‘saber/poder’, siempre queda la pregunta hasta dónde se le puede aplicar eso al mismo Foucault. En una entrevista, por ejemplo, él mismo sostuvo la diferencia entre ‘experticia’ y ‘opinión’ ([1982] 1994:163-173), negándose a dar un cierre consistente a si la homosexualidad es explicable sólo por discursos o si lo es también por una predisposición innata. Por tanto, decidió no ejercer “poder” desde su “saber”, siendo que ese “saber como experticia” no lo tenía. No conozco teóricos queer que hayan tomado este texto en consideración para la guerra entre esencialistas y construccionistas (Boswell [1980] 2015; DeLamater & Shibley 1997). Pero volamos al comienzo de la entrada: ¿qué diferencia a interacciones y organizaciones? ¿Qué nos puede aportar como nueva vía a la pregunta por la semántica?

Considero absolutamente necesario volver a los estudios históricos llevados a cabo en la serie de volúmenes Estructura Social y Semántica (Gesellschaftstruktur und Semantik), los cuales aún esperan su traductor al español, aunque es posible encontrar varios capítulos ya traducidos. Desde un comienzo la semántica no tiene definición, sino que es una diferencia entre estructura social/semántica, en donde la semántica condensa sentido en la forma elemento/relación (comunicación/estructura de expectativas) de cualquier sistema social, así como la distinción sistema/entorno. Como el sistema replica la distinción dentro de sí, sistema/entorno dentro del sistema generando un entorno-interno que es distinto al entorno-externo como complejidad inobservable e infinita. Sostener que el problema de la distinción es que las estructuras serían también semánticas es una imprecisión, pues en tanto se entiende que la distinción sistema/entorno no es igual en las interacciones (sistemas adaptativos) que en los otros sistemas (evolutivos), el problema reside en la diferenciación entre interacciones y otros sistemas sociales como organizaciones o sistemas funcionales (Luhmann 1987:112-131).

Esto no es menor si se piensa, por ejemplo, en semánticas como las de la ‘razón de estado’ (política/derecho) (Luhmann 1989:65-148), ‘la individualidad del individuo’ (individuo/sociedad) (Luhmann 1989:149-258), ‘cómo es posible el orden social’ (sociología como ciencia) (Luhmann 1981:195-286) o ‘los derechos subjetivos’ (derecho) (Luhmann 1981:45-104) y su diferenciación parasitaria a los medios de comunicación simbólicamente generalizados. Una prueba de lo anterior, que espero justificar en una investigación que se encuentra en curso, es que los ‘derechos subjetivos’ como semántica del derecho permiten observar la resolución de la doble contingencia como ‘reciprocidad de expectativas’ y no ‘complementariedad de expectativas’ (Galtung 1959; Luhmann [1968] 1999:360-372). Al ser un problema de doble contingencia involucra automáticamente a todos los sistemas sociales que hagan uso de dicha semántica, por ejemplo, al amenazar con llamar a la policía, señalando indiscutiblemente que “no se tiene el derecho” a hacer lo que se está haciendo. El “tener derecho a” y “quién tiene derecho a”, problema clásico de los derechos fundamentales y los derechos humanos, puede reconstruirse no sólo como un problema de dogmática jurídica (Hart 1948; Strauss 1968:80-85; Nino 1984; Ferrajoli 2004; Alexy 2006:15-32), sino también como derechos que no necesitan justificación y que se asumen que se poseen, pero como una premisa comunicativa, no un imperativo categórico ético basado en normas irrenunciables (Luhmann 2008). Esto explica varias paradojas, como que el derecho a la propiedad no autoriza a quien lo posee a comprar todo lo posible de comprar (niñas/niños, órganos, drogas, armamento, etc.). Esta ‘reciprocidad de expectativas’ que se transforma en un derecho objetivo/obligación cuando se judicializa, permitiría reconstruir variados problemas de inclusión y exclusión social muy relevantes para la sociedad contemporánea, como los son los derechos LGBTI, de minorías sexuales, derechos a la orientación sexual/identidad de género, entre muchos otros nombres que se le han dado al mismo problema (Pérez-Solari 2019).

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*Agradezco las atentas observaciones de Karen Ranke, Lionel Lewkow y Mauricio Casanova a las primeras versiones de este texto. Sin dichas observaciones, se hubiese visto claramente empobrecido en su contenido y alcances. Todos los errores o impresiones son responsabilidad del autor.

[i] Señalo Illud como tercera persona en el latín, para ser consistente con la tradición de asignar posiciones en la doble contingencia sólo a Ego y Alter, problema que no ha sido tratado con la debida sistematicidad en la teoría sociológica. Agradezco a Rodrigo Oteiza una detallada explicación de la posición de Illud en el latín, además de la paciencia de responder a las preguntas de quien  siempre quiso aprender latín, pero nunca tomó el desafío con la debida rigurosidad.

[ii] La ley tiene una complejidad imposible de explicar en esta entrada pues su utilización, que en un comienzo incluida prohibiciones de discriminación basadas en el género, ha ido transitando hacia una comprensión que incluye tópicos que expanden el género, como distinción hombre/mujer, hacia la orientación sexual o la identidad de género. Un enlace a la ley puede ser encontrado aquí. Un reciente proceso basado en el Title IX de un estudiante contra una profesora, causó un bullado escándalo que involucró a académicos bastante famosos como Judith Butler o Slavoj Žižek. Un resumen del caso se puede leer en las páginas de The New York Times

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Citación ISO 690:

  • Pérez-Solari, F. Ni sociedad ni interacción, sino organización. Sistemas Sociales [en línea]. 2019 [Fecha de Consulta]. Disponible en http://sistemassociales.com/ni-sociedad-ni-interaccion-sino-organizacion

Citación APA:

  • Pérez-Solari, F. (2019). Ni sociedad ni interacción, sino organización. Sistemas Sociales. Recuperado desde http://sistemassociales.com/ni-sociedad-ni-interaccion-sino-organizacion

2 Comments on “Ni sociedad ni interacción, sino organización

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